Si ya has visto la última
película de los hermanos Coen, No
es país para viejos, por la
que Javier Bardem va a conseguir un Oscar
de Hollywood, tal vez te estés preguntando
quién es ese tal Cormac McCarthy,
creador de la novela en la que está basado
el film. Quizá hayas oído
hablar de él previamente o quizá no,
en todo caso, si ya te has encontrado con él
en algún momento de tu vida, reconocerás
conmigo que McCarthy es uno de esos escritores
que no pasan desapercibidos.
Cormac McCarthy,
nacido Charles McCarthy, vino al mundo
hace 75 años en
la costa este americana. Pronto se trasladó con su familia al estado de
Tennesse, donde se casó y se separó, se alistó en el ejército
y se licenció, y en fin, vivió varias décadas antes de trasladarse
primero a Texas y luego a Nuevo México, donde reside actualmente. La mención
de los lugares donde ha habitado no es casual pues la mayor parte de sus libros
tienen lugar en estos vastos territorios, áridos, polvorientos, cargados
de todas las historias propias de los lugares fronterizos. Volviendo a la vida
de McCarthy ha sido durante mucho tiempo una gran nebulosa, pues siguiendo la
costumbre de algunos otros escritores norteamericanos como Salinger o Pynchon,
ha cultivado muy poco su presencia pública. Se le tiende a imaginar como
un hombre extremadamente solitario, retirado en el campo con su corta familia
y sus libros, fuertemente enraizado en la vida rural tradicional americana, ruda
pero auténtica. Alguna reciente aparición en medios de comunicación
de masas ha permitido dar a conocer a un hombre mucho más jovial y afable
de lo que se suponía.
El misterio que ha rodeado la personalidad de Cormac
McCarthy se ha visto alimentado, sin duda, por el tipo de novelas que ha publicado
durante más de cuarenta
años. Perteneciente a la estirpe de los grandes narradores sureños,
cuyo mentor principal no puede negarse que es William Faulkner, McCarthy es quizás,
de todos ellos, el más radical en su estilo narrativo. Y el más
hondo en los temas que elige. En una de las pocas entrevistas que ha concedido
a lo largo de su vida, hablando de los compañeros de profesión,
señaló que él no puede entender la literatura si no "trata
con temas de vida o muerte". De hecho, las novelas de McCarthy parecen querer
tratar exclusivamente con
temas de vida o muerte. En cierto modo, el interés como escritor de McCarthy
consiste en desnudar la realidad hasta el punto en el que se puedan manifestar
los vínculos más arcanos que unen a los hombres. Hasta un punto
en el que incluso se puedan contemplar las profundidades del alma humana sin
mediación de reglas de cortesía, falsos buenos sentimientos e ilusos
ideales. Por supuesto, McCarthy sabe que esa voluntad le obligará a lidiar
con temas tan antiguos como el hombre mismo: temas como la violencia, la presencia
del mal, el sufrimiento, el dolor, la sinrazón. Es muy consciente de ello.
Quizá el gran valor de Cormac McCarthy en la gran abundancia de la literatura
contemporánea tenga que ver con ofrecer una perspectiva única sobre
el lado más oscuro de la naturaleza humana, una perspectiva capaz no sólo
de suspender la emisión de juicios morales, sino de frenar esa necesidad,
tan humana, de buscar orden donde no lo hay, de encontrar la paz donde hay conflicto.
Por supuesto, la inhumana potencia dramática que surge de esta escritura
no puede calificarse más que como salvaje y brutal.
Sin embargo, en 2007,
se publicó en España su último libro, La
carretera, con el que ha obtenido el último Premio Pulitzer de ficción.
Parece ser que la historia que cuenta en este libro se le ocurrió mientras
veía a su pequeño hijo de ocho años dormir bajo su ventana,
bajo la tenue luz de la luna que entraba del exterior, casi en completa oscuridad.
En esta novela fuera de lo común, algo nuevo ha aparecido en la literatura
de McCarthy. Una exploración psicológica desconocida, un intento
de dar palabra a algunas emociones que no se encontraban en el resto de su obra,
emociones primitivas como el amor, la entrega al otro y la búsqueda de
la supervivencia, no sólo física, sino también moral. Quien
animado por esta reseña opte por leer una novela de Cormac McCarthy, puede
empezar por cualquier libro de los que mencionamos en la selección adjunta,
pero que no olvide, por favor, que al final del camino se encuentra La carretera, tal
vez una de esas novelas que marcan un antes y un después en la historia
de la literatura.
El guardián del vergel
(The orchad Keeper, 1965)
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La primera novela que publicó McCarthy
tiene lugar en el estado de Tennesse, en
el tiempo de la Gran Depresión entre
las dos grandes guerras mundiales. Allí,
la trama central de la novela gira en torno
a un joven muchacho, criado con la idea
de que algún idea encontrará al
hombre que mató a su padre, hombre
que parece ser un contrabandista del cual
se acaba de convertir en amigo. Pero el
verdadero protagonista de la historia es
la naturaleza, el entorno en el que viven
unas comunidades humanas desde hace generaciones,
cuyo máximo representante es Arthur
Ownby, tío del muchacho, que vive
casi al modo de un druída.
La
oscuridad exterior
(Outer
dark, 1968)
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En la segunda novela de McCarthy ya se
empiezan algunos de los elementos fundamentales
de ese estilo tan propio que está creando:
terror, violencia, corrupción del
espíritu, en una estructura que
a algunos ha parecido propia de una tragedia
griega y a otros les parece que fue tomada
por Jim Jarmusch para ambientar su película Dead
man.. El hijo del incesto entre dos
hermanos es tomado por un viajante como
compañía para su recorrido,
los dos padres persiguen al viajante, arrepentidos
por haber abandonado a su retoño,
y a su vez, tres extraños persiguen
a la pareja. La prosa de McCarthy empieza
a hacerse sumamente elaborada y compleja
en esta historia del profundo sur de principios
de siglo.
Hijo de Dios
(Child
of God, 1974)
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De vuelta a las tierras de Tennesse, McCarthy
relata la historia de Lester Ballard, un
deshecho de la sociedad, un hombre rechazado
por todos, y su camino hacia el asesinato
y la necrofilia. Cada vez más cercano
al estilo del gótico sureño,
al estilo de Faulkner o de Flannery O'Connor,
en esta obra McCarthy por la mala vida
en los márgenes de la civilización,
una civilización violenta y alterada,
donde predominan los hombre blancos orgullosos
que linchan negros.
Sutree
(Sutrre,
1979)
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Con Sutree McCarthy se despide
de los territorios de Tennesse en los que
había situado hasta ahora sus novelas.
En este caso, cuenta la historia de Cornelius
Sutree, un hombre que ha rechazado su vida
anterior para ser un pescador que vive
en y del río Tennesse, rodeado de
hombres condenados y desahuciados por la
sociedad, asolado por visiones de su vida
pasada, en una especie de purgatorio psicotrópico,
en busca de una cierto asentamiento de
su propia identidad. Según dicen
los expertos, esta novela tiene un alto
carácter autobiográfico.
Meridiano
de sangre
(Blood
meridian, 1985)
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En esta quinta novela, ambientada en los
territorios fronterizos de Texas y Nuevo
México, en el siglo XIX, alcanza
McCarthy las cotas más altas de
ese estilo sórdido y apocalíptico
que caracteriza a sus primeras novelas.
Con una prosa sumamente recargada, tendente
al barroquismo, McCarthy convierte la historia
de una compañía de mercenarios
al servicio de algún señor
mexicano en una metáfora del horror
y la violencia exacerbada que el oeste
americano vivió en aquellos momentos
en que la ausencia de ley, añadida
a la falta de ciertos valores sociales,
era el escenario imperante. Como es habitual
en la novelística de McCarthy los
lugares en que se desarrolla la acción
alcanzan categoría de personaje
en la trama de la historia, mientras que
los personajes se caracterizan por su extrema
falta de profundidad psicológica,
por su superficial y brutal presencia,
excepto en un caso, el del juez Holden,
líder espiritual de los mercenarios
mataindios, hombre de muchos recursos,
con un sin fin de intereses y habilidades
y, además, más peligroso
que una víbora agitada y más
escurridizo que una anguila. Si otras novelas
te hacen llorar, o pensar, o reir Meridiano
de sangre, por encima de todo, esuna
novela que te deja exhausto.
Todos
los caballos bellos
(All
the pretty horses, 1992)
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Con la llegada de los noventa, la crueldad
y la brutalidad de McCarthy parece haber
dejado paso a un nuevo estilo literario
con la primera de las novelas de lo que
luego sería llamado kTrilogía
de la frontera. Tanto es así,
que la novela se convirtió en una
película de Hollywood protagonizada
por Matt Damon y Penelopé Cruz,
que hacía hincapié en la
historia de amor de los dos protagonistas.
Con una ortografía nada usual, McCarthy
intenta explorar nuevos ritmos narrativos
en esta historia de un joven que, a la
muerte de su bisabuelo, descubre que el
rancho donde trabaja debe ser vendido,
momento en el cual decide partir hacia
México, junto a su mejor amigo.
Allí conocerá el amor, pero
también la desilusión y el
dolor ante la dureza del mundo que tienen
que vivir, después de la Segunda
Guerra Mundial.
En la frontera
(The
crossing, 1994)
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Muchos lectores achacaron a su anterior
novela que la presencia de la historia
de amor del protagonista no terminaba de
casar con el espíritu de la novela.
Aquí, todo romanticismo ha vuelto
a desparecer, mientras relata los tres
viajes que el joven cowboy Billy Parham
realiza a través de la frontera
entre México y los Estados Unidos,
en la época de la Segunda Guerra
Mundial, primero persiguiendo una loba
embarazada, segundo unos caballos robados
a su familia., y tercero, intentando descubrir
el paradero de su hermano pequeño.
Como siempre, en la obra de McCarthy, los
recorridos del protagonista corresponden
a un cierto viaje interior, en el cual
los paisajes y los habitantes de estas
tierras fronterizas toman un papel fundamental.
Ciudades
de la llanura
(Cities
of the plain,
1998)
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Con esta tercera novela, McCarthy da por
cerrada la Trilogía de la frontera, y
con ella esa época de su carrera
artística en la que la crudeza de
sus primeras historias se había
equilibrado con ciertas dosis de amor,
compromiso y colaboración entre
las personas. En Ciudades de la llanura,
volvemos al rancho donde trabaja John Grady
Cole, el protagonista de Todos los
caballos bellos, y relata la historia
de su encuentro con Billy Parham, el protagonista
de En la frontera. Mientras la
vida se hace cada vez más dura en
los años posteriores a la Segunda
Guerra Mundial, en el interior del rancho,
la amistad de estos dos personajes va afianzándose,
a medida que van descubriendo el lugar
en que la vida les ha colocado y que las
decisiones que aparentemente se toman en
libertad no lo son realmente, cegadas por
un destino que aunque oculto determina
el devenir de las cosas.
No
es país para viejos
(No
country for old men, 2005)
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Siete años tardó McCarthy
en abandonar los personajes de la Trilogía
de la frontera, hasta publicar finalmente
esta novela en la que la trama avanza sobre
uno de los temas favoritos de la literatura
de este autor: el conflicto entre dos mundos,
uno viejo con un orden y unos valores que
se quedan obsoletos, ante la presión
y el auge de los códigos que el
nuevo mundo trae consigo. Ahí, en
medio de esa pugna, varios personajes tratan
de sobrevivir, en medio de esas tierras
indómitas de la frontera sur donde
se desarrolla la obra de McCarthy. Ahí,
un viejo sheriff que trata de mantenerse
firme al modo de vida que siempre ha llevado
y un joven trabajador que intenta consolidar
un golpe de suerte, se ven amenazados por
la presencia terrible, inhumana de Anton
Chihurg, un asesino a sueldo, una fuerza
de la naturaleza, que vuela por los aires
cualquier convención social y se
convierte, probablemente, en uno de los
personajes literarios más extraordinarios
de los últimos tiempos.
La carretera
(The Road,
2006)
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Con No es país
para viejos McCarthy
pareció haber llegado a la madurez
de su obra, después de la descarnada
primera época y la más suavizada
segunda parte representada por la Trilogía
de la frontera. Sin embargo, con La
carretera parece haber tocado la excelencia.
Por primera vez, McCarthy abandona sus paisajes
queridos del sur de los Estados Unidos para
adentrarnos en un viaje alucinante a través
de una carretera en la que un padre y su
hijo, supervivientes de un apocalipsis nuclear
acontecido hace varios años, pelean
por su supervivencia, no sólo física,
sino también espiritual. En medio
de ese paisaje desolado por el invierno nuclear,
donde nada crece, donde la vida animal y
vegetal parece dar sus últimos pasos
sobre la tierra antes de hibernar en busca
de otra oportunidad en el planeta, la odisea
de esta familia en camino hacia el mar, conmueve
hasta la lágrima. A través
de lugares donde la destrucción y
la muerte imperan sin oposición, de
lugares donde todo rastro de civilización
ha desaparecido, el amor y la entrega del
padre y la bondad innata del hijo se muestran
como una de las grandes creaciones de Cormac
McCarthy. La carretera se muestra
además como la perfecta representación
del giro estilístico que, desde el
barroquismo de sus primeras novelas hasta
el minimalismo y la concisión de esta última,
ha realizado McCarthy, en su búsqueda
de un lenguaje poético descriptivo
que se ajuste a la necesidad de ritmo de
la novela. Sin duda, una de las obras cumbres
de la literatura universal contemporánea. |