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Marzo de 2008
Autor del mes
Cormac McCarthy

Si ya has visto la última película de los hermanos Coen, No es país para viejos, por la que Javier Bardem va a conseguir un Oscar de Hollywood, tal vez te estés preguntando quién es ese tal Cormac McCarthy, creador de la novela en la que está basado el film. Quizá hayas oído hablar de él previamente o quizá no, en todo caso, si ya te has encontrado con él en algún momento de tu vida, reconocerás conmigo que McCarthy es uno de esos escritores que no pasan desapercibidos.

Cormac McCarthy, nacido Charles McCarthy, vino al mundo hace 75 años en la costa este americana. Pronto se trasladó con su familia al estado de Tennesse, donde se casó y se separó, se alistó en el ejército y se licenció, y en fin, vivió varias décadas antes de trasladarse primero a Texas y luego a Nuevo México, donde reside actualmente. La mención de los lugares donde ha habitado no es casual pues la mayor parte de sus libros tienen lugar en estos vastos territorios, áridos, polvorientos, cargados de todas las historias propias de los lugares fronterizos. Volviendo a la vida de McCarthy ha sido durante mucho tiempo una gran nebulosa, pues siguiendo la costumbre de algunos otros escritores norteamericanos como Salinger o Pynchon, ha cultivado muy poco su presencia pública. Se le tiende a imaginar como un hombre extremadamente solitario, retirado en el campo con su corta familia y sus libros, fuertemente enraizado en la vida rural tradicional americana, ruda pero auténtica. Alguna reciente aparición en medios de comunicación de masas ha permitido dar a conocer a un hombre mucho más jovial y afable de lo que se suponía.

El misterio que ha rodeado la personalidad de Cormac McCarthy se ha visto alimentado, sin duda, por el tipo de novelas que ha publicado durante más de cuarenta años. Perteneciente a la estirpe de los grandes narradores sureños, cuyo mentor principal no puede negarse que es William Faulkner, McCarthy es quizás, de todos ellos, el más radical en su estilo narrativo. Y el más hondo en los temas que elige. En una de las pocas entrevistas que ha concedido a lo largo de su vida, hablando de los compañeros de profesión, señaló que él no puede entender la literatura si no "trata con temas de vida o muerte". De hecho, las novelas de McCarthy parecen querer tratar exclusivamente con temas de vida o muerte. En cierto modo, el interés como escritor de McCarthy consiste en desnudar la realidad hasta el punto en el que se puedan manifestar los vínculos más arcanos que unen a los hombres. Hasta un punto en el que incluso se puedan contemplar las profundidades del alma humana sin mediación de reglas de cortesía, falsos buenos sentimientos e ilusos ideales. Por supuesto, McCarthy sabe que esa voluntad le obligará a lidiar con temas tan antiguos como el hombre mismo: temas como la violencia, la presencia del mal, el sufrimiento, el dolor, la sinrazón. Es muy consciente de ello. Quizá el gran valor de Cormac McCarthy en la gran abundancia de la literatura contemporánea tenga que ver con ofrecer una perspectiva única sobre el lado más oscuro de la naturaleza humana, una perspectiva capaz no sólo de suspender la emisión de juicios morales, sino de frenar esa necesidad, tan humana, de buscar orden donde no lo hay, de encontrar la paz donde hay conflicto. Por supuesto, la inhumana potencia dramática que surge de esta escritura no puede calificarse más que como salvaje y brutal.

Sin embargo, en 2007, se publicó en España su último libro, La carretera, con el que ha obtenido el último Premio Pulitzer de ficción. Parece ser que la historia que cuenta en este libro se le ocurrió mientras veía a su pequeño hijo de ocho años dormir bajo su ventana, bajo la tenue luz de la luna que entraba del exterior, casi en completa oscuridad. En esta novela fuera de lo común, algo nuevo ha aparecido en la literatura de McCarthy. Una exploración psicológica desconocida, un intento de dar palabra a algunas emociones que no se encontraban en el resto de su obra, emociones primitivas como el amor, la entrega al otro y la búsqueda de la supervivencia, no sólo física, sino también moral. Quien animado por esta reseña opte por leer una novela de Cormac McCarthy, puede empezar por cualquier libro de los que mencionamos en la selección adjunta, pero que no olvide, por favor, que al final del camino se encuentra La carretera, tal vez una de esas novelas que marcan un antes y un después en la historia de la literatura.

El guardián del vergel
(The orchad Keeper, 1965)


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La primera novela que publicó McCarthy tiene lugar en el estado de Tennesse, en el tiempo de la Gran Depresión entre las dos grandes guerras mundiales. Allí, la trama central de la novela gira en torno a un joven muchacho, criado con la idea de que algún idea encontrará al hombre que mató a su padre, hombre que parece ser un contrabandista del cual se acaba de convertir en amigo. Pero el verdadero protagonista de la historia es la naturaleza, el entorno en el que viven unas comunidades humanas desde hace generaciones, cuyo máximo representante es Arthur Ownby, tío del muchacho, que vive casi al modo de un druída.

La oscuridad exterior
(Outer dark, 1968)


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En la segunda novela de McCarthy ya se empiezan algunos de los elementos fundamentales de ese estilo tan propio que está creando: terror, violencia, corrupción del espíritu, en una estructura que a algunos ha parecido propia de una tragedia griega y a otros les parece que fue tomada por Jim Jarmusch para ambientar su película Dead man.. El hijo del incesto entre dos hermanos es tomado por un viajante como compañía para su recorrido, los dos padres persiguen al viajante, arrepentidos por haber abandonado a su retoño, y a su vez, tres extraños persiguen a la pareja. La prosa de McCarthy empieza a hacerse sumamente elaborada y compleja en esta historia del profundo sur de principios de siglo.

Hijo de Dios
(Child of God, 1974)


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De vuelta a las tierras de Tennesse, McCarthy relata la historia de Lester Ballard, un deshecho de la sociedad, un hombre rechazado por todos, y su camino hacia el asesinato y la necrofilia. Cada vez más cercano al estilo del gótico sureño, al estilo de Faulkner o de Flannery O'Connor, en esta obra McCarthy por la mala vida en los márgenes de la civilización, una civilización violenta y alterada, donde predominan los hombre blancos orgullosos que linchan negros.

Sutree
(Sutrre, 1979)


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Con Sutree  McCarthy se despide de los territorios de Tennesse en los que había situado hasta ahora sus novelas. En este caso, cuenta la historia de Cornelius Sutree, un hombre que ha rechazado su vida anterior para ser un pescador que vive en y del río Tennesse, rodeado de hombres condenados y desahuciados por la sociedad, asolado por visiones de su vida pasada, en una especie de purgatorio psicotrópico, en busca de una cierto asentamiento de su propia identidad. Según dicen los expertos, esta novela tiene un alto carácter autobiográfico.

Meridiano de sangre
(Blood meridian, 1985)


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En esta quinta novela, ambientada en los territorios fronterizos de Texas y Nuevo México, en el siglo XIX, alcanza McCarthy las cotas más altas de ese estilo sórdido y apocalíptico que caracteriza a sus primeras novelas. Con una prosa sumamente recargada, tendente al barroquismo, McCarthy convierte la historia de una compañía de mercenarios al servicio de algún señor mexicano en una metáfora del horror y la violencia exacerbada que el oeste americano vivió en aquellos momentos en que la ausencia de ley, añadida a la falta de ciertos valores sociales, era el escenario imperante. Como es habitual en la novelística de McCarthy los lugares en que se desarrolla la acción alcanzan categoría de personaje en la trama de la historia, mientras que los personajes se caracterizan por su extrema falta de profundidad psicológica, por su superficial y brutal presencia, excepto en un caso, el del juez Holden, líder espiritual de los mercenarios mataindios, hombre de muchos recursos, con un sin fin de intereses y habilidades y, además, más peligroso que una víbora agitada y más escurridizo que una anguila. Si otras novelas te hacen llorar, o pensar, o reir Meridiano de sangre, por encima de todo, esuna novela que te deja exhausto.

Todos los caballos bellos
(All the pretty horses, 1992)


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Con la llegada de los noventa, la crueldad y la brutalidad de McCarthy parece haber dejado paso a un nuevo estilo literario con la primera de las novelas de lo que luego sería llamado kTrilogía de la frontera. Tanto es así, que la novela se convirtió en una película de Hollywood protagonizada por Matt Damon y Penelopé Cruz, que hacía hincapié en la historia de amor de los dos protagonistas. Con una ortografía nada usual, McCarthy intenta explorar nuevos ritmos narrativos en esta historia de un joven que, a la muerte de su bisabuelo, descubre que el rancho donde trabaja debe ser vendido, momento en el cual decide partir hacia México, junto a su mejor amigo. Allí conocerá el amor, pero también la desilusión y el dolor ante la dureza del mundo que tienen que vivir, después de la Segunda Guerra Mundial.

En la frontera
(The crossing, 1994)


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Muchos lectores achacaron a su anterior novela que la presencia de la historia de amor del protagonista no terminaba de casar con el espíritu de la novela. Aquí, todo romanticismo ha vuelto a desparecer, mientras relata los tres viajes que el joven cowboy Billy Parham realiza a través de la frontera entre México y los Estados Unidos, en la época de la Segunda Guerra Mundial, primero persiguiendo una loba embarazada, segundo unos caballos robados a su familia., y tercero, intentando descubrir el paradero de su hermano pequeño. Como siempre, en la obra de McCarthy, los recorridos del protagonista corresponden a un cierto viaje interior, en el cual los paisajes y los habitantes de estas tierras fronterizas toman un papel fundamental.

Ciudades de la llanura
(Cities of the plain, 1998)

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Con esta tercera novela, McCarthy da por cerrada la Trilogía de la frontera, y con ella esa época de su carrera artística en la que la crudeza de sus primeras historias se había equilibrado con ciertas dosis de amor, compromiso y colaboración entre las personas. En Ciudades de la llanura, volvemos al rancho donde trabaja John Grady Cole, el protagonista de Todos los caballos bellos, y relata la historia de su encuentro con Billy Parham, el protagonista de En la frontera. Mientras la vida se hace cada vez más dura en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en el interior del rancho, la amistad de estos dos personajes va afianzándose, a medida que van descubriendo el lugar en que la vida les ha colocado y que las decisiones que aparentemente se toman en libertad no lo son realmente, cegadas por un destino que aunque oculto determina el devenir de las cosas.

No es país para viejos
(No country for old men, 2005)


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Siete años tardó McCarthy en abandonar los personajes de la Trilogía de la frontera, hasta publicar finalmente esta novela en la que la trama avanza sobre uno de los temas favoritos de la literatura de este autor: el conflicto entre dos mundos, uno viejo con un orden y unos valores que se quedan obsoletos, ante la presión y el auge de los códigos que el nuevo mundo trae consigo. Ahí, en medio de esa pugna, varios personajes tratan de sobrevivir, en medio de esas tierras indómitas de la frontera sur donde se desarrolla la obra de McCarthy. Ahí, un viejo sheriff que trata de mantenerse firme al modo de vida que siempre ha llevado y un joven trabajador que intenta consolidar un golpe de suerte, se ven amenazados por la presencia terrible, inhumana de Anton Chihurg, un asesino a sueldo, una fuerza de la naturaleza, que vuela por los aires cualquier convención social y se convierte, probablemente, en uno de los personajes literarios más extraordinarios de los últimos tiempos.

La carretera
(The Road, 2006)


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Con No es país para viejos McCarthy pareció haber llegado a la madurez de su obra, después de la descarnada primera época y la más suavizada segunda parte representada por la Trilogía de la frontera. Sin embargo, con La carretera parece haber tocado la excelencia. Por primera vez, McCarthy abandona sus paisajes queridos del sur de los Estados Unidos para adentrarnos en un viaje alucinante a través de una carretera en la que un padre y su hijo, supervivientes de un apocalipsis nuclear acontecido hace varios años, pelean por su supervivencia, no sólo física, sino también espiritual. En medio de ese paisaje desolado por el invierno nuclear, donde nada crece, donde la vida animal y vegetal parece dar sus últimos pasos sobre la tierra antes de hibernar en busca de otra oportunidad en el planeta, la odisea de esta familia en camino hacia el mar, conmueve hasta la lágrima. A través de lugares donde la destrucción y la muerte imperan sin oposición, de lugares donde todo rastro de civilización ha desaparecido, el amor y la entrega del padre y la bondad innata del hijo se muestran como una de las grandes creaciones de Cormac McCarthy. La carretera se muestra además como la perfecta representación del giro estilístico que, desde el barroquismo de sus primeras novelas hasta el minimalismo y la concisión de esta última, ha realizado McCarthy, en su búsqueda de un lenguaje poético descriptivo que se ajuste a la necesidad de ritmo de la novela. Sin duda, una de las obras cumbres de la literatura universal contemporánea.

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